BLOG CERRADO

El último que apague las galaxias…

♦ mi oso coso

A volar...


Ven Lunes, quédate aquí toda la vida de mi hoy. No atiendas a nadie. No abras el cielo ni saludes a la Luna. Encierra a las estrellas y aleja de mí el refunfuñar de aquel viento molesto. Dame la totalidad de tus horas. Sólo por hoy regálame tu día, y juntos, por última vez, digámosle adiós a todo lo que he sido.

No preguntes. Recíbeme en tus brazos y ahógame en el silencio que amanece. Abriga a mi tristeza para que nunca pase frío y cierra mis ojos con el sol del mediodía.

Besa cada espacio que se sienta vacío y no permitas que la noche nos encuentre dormidos.

Lunes de mi vida, si tú supieras lo mucho que te he buscado. No te vayas. No me dejes todavía. Tengo lágrimas que de tan viejas se han secado. Tira fuerte de ellas e invítalas a que me suelten. Ayúdalas a despedirse. Hazlo Lunes, te lo suplico. Que sea el último gemido de dolor que de mi boca escuches y entonces… sólo entonces, abre mis ojos para que yo pueda verte.

¡Oh, bello Lunes! Al fin podré decirte cuánto Te Amo.




Dibujos: Daniel Caminos
Dean Funes Córdoba

daniel_9855@hotmail.com

http://danielcaminos.blogspot.com

BUSCANDO EN UNA MALETA. Por Rafael R. Valcárcel

Una de mis últimas adquisiciones, para mi colección privada de objetos curiosos, fue la fotocopia de una denuncia traspapelada entre los archivos de la policía. En concreto, provenía de la comisaría ubicada en la calle Leganitos de Madrid, aunque tres meses después el original fue solicitado por el mismo Ángel Acebes, cuando ejercía el cargo de ministro del Interior -su firma consta en el cuaderno de retiros-. Ahora bien, retomando lo que nos trae a este asunto, el documento en cuestión decía: “Gustavo Salinas Luza, indocumentado, ha sido descubierto en el interior de una maleta. Viajaba de polizón en el vuelo 578AL de Iberia con escala en Miami…”. Y finalizaba con una anotación en rojo: “Mantener el caso en reserva. 11S sigue fresco”. Dicha indicación fue la razón del porqué ningún medio se hizo eco del acontecimiento, puesto que nunca se enteraron de lo ocurrido.

Ocho meses más tarde, cuando conseguí dar con el paradero de Gustavo Salinas, agregué a mi colección la entrevista que gentilmente me concedió.

La primera impresión que tuve sobre él, al leer la denuncia, fue la de un muchacho de escasos recursos económicos, pero compensados por su gran valentía y audacia. Al conocerle personalmente, me sorprendí por haber atinado en sólo una de esas tres características. Don Gustavo Salinas Luza, señor que superaba los 60 años, era un acaudalado empresario que anteponía sus deseos al miedo.

Antes de cumplir los cuarenta, el señor Salinas ya había forjado una gran fortuna, llegando a ser el dueño de los 17 mercados de abasto de su ciudad. No obstante, durante todos esos años de trabajo, siempre estuvo acompañado por esa clase de tristeza que dejan las grandes alegrías al irse. Sin embargo, él no recordaba ese momento de felicidad. Por tanto, pensó que sólo se trataba de una insatisfacción que provenía de la pobreza de su infancia y que desaparecería al convertirse en un hombre rico, pero el malestar no cesó.



Una mañana, antes del desayuno, Gustavo visitó a su madre con la intención de obtener alguna pista sobre su pesar. Sin mucho que cavilar, ella creyó conocer la causa y le contó lo ocurrido cuando él tenía unos 5 años: “Tu tío Esteban prometió llevarte a Europa, a España. Lo hizo como una gracia, pensando que no te lo tomarías en serio. Pero tú todos los días le recordabas esa promesa y él, por salir del paso, te seguía el juego. La noche anterior al viaje, por casualidad, te enteraste de su partida. Perdiste el control, llorabas a mares y gritabas como un loco. Él, para calmarte, te dijo que te llevaría en su maleta. Era una maleta vieja, llena de agujeros, la única que teníamos en casa.

Qué tiempos pasamos, ¿no? Bueno, tú la vaciaste y te metiste dentro. Tu hermana te ayudó. La cerró. Al día siguiente, Esteban te sacó dormido de ahí, guardó nuevamente sus cosas y se fue. No sabes cómo lo odié después, y a mí por odiarlo, no sabes cuánto lo quería, era mi hermano preferido. Sé que no te podía llevar en una maleta, no soy estúpida, pero por qué demonios te hizo esa promesa. Bastaba con decirte desde un principio que debía viajar solo. Casi te me mueres, pequeño. No comías, no jugabas…”.

Don Gustavo Salinas hizo los arreglos necesarios en su empresa para emprender el primer viaje de su vida -nunca había salido de su ciudad- y partió a España con la intención de quedarse. No obstante, trascurrido un año, notó que su malestar seguía. Después de meditar sobre el tema, recordó que su tío había realizado la travesía en barco… y él lo hizo igual, pero nada. Incluso compró y restauró el navío en el que viajó su tío y, además, siguió la misma ruta… pero nada.

Tras agotar todas las posibilidades relativamente lógicas, decidió ir a España dentro de una maleta, a sus 54 años. En medio del trayecto, recordó aquella remota felicidad. La noche previa a la partida de su tío, Gustavo dejó volar su mente y viajó en el interior de la maleta a todos los sitios que él pudo crear, incluyendo a una Europa formada por recortes de realidad y fantasía, de épocas entrecruzadas... y así soñó hasta quedarse dormido al amanecer. A sus 5 años, ese rectángulo agujereado significó la puerta que lo comunicó con su más sublime imaginación, la que quedó bloqueada cuando se marchó su tío, la que comenzó a abrirse cuando se atrevió a buscar.

Por Rafael R. Valcárcel

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Dibujos: Daniel Caminos
Dean Funes Córdoba
daniel_9855@hotmail.com
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Pintando letras...

A veces me pasa que no encuentro la paleta de colores para pintar la monocromática tristeza de mis recuerdos…

Si pudiese pintar haría un árbol sobre una pequeña lomada, sin demasiado follaje, alto y un poco desgarbado; a su lado, solitario y taciturno, situaría un banco rústico de roble bien oscuro, también dibujaría un sol alejado y fisgón, oculto tras las tranquilas aguas de un lago… entonces sí, todo lo demás sería cielo, infinito y abierto, sobradamente lo más hermoso del paisaje que a simple vista, se acomete tan grisáceo como agreste...
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Eso si pudiese pintar, claro, sobre un papel imaginario, cada remembranza en blanco y negro que reclamara arbitrariamente nuevas gamas.


Pintaría por ejemplo, mucha paz y con letras de colores plasmaría, repleto de silencio, el soneto de Bernardez, llenaría el cielo con música de Marradi y pondría a descansar, en el banco rústico de roble bien oscuro, a todos mis recuerdos, mientras el pincel alisa una a una las arrugas de mi alma.

Together Again - (Giovanni Marradi)

Entonces sí. Recién ahora mientras escribo, me doy cuenta que me hago agua, cielo, aire y fuego… que río, bailo, vuelo y pinto a mis lagrimas con verdes hojas del árbol que imagino y le digo a mi tristeza como hago cada día, que estoy bien, que muchas gracias… que no la necesito, ni la busco, ni la elijo, simplemente le digo, que ya no cuente más conmigo.



Dibujo: Daniel Caminos
Dean Funes Córdoba
daniel_9855@hotmail.com
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Ella y la infinitud de mis ayeres....

Ella decidió venir a este mundo sabiendo que no la deseaban. Ella eligió aprender algo que nunca recordaba...

Ella nació. No sabe decirme por qué arrinconó los motivos de su sentencia. Sólo, que es la única responsable. Ella eligió.

Lo sabe. Siempre lo supo. Así y todo, decidió no hablar...

Ella no era muda... Ella hablaba con sus juguetes, con las personas no...
Quizá por eso, porque sus padres la espiaban y consultaban al médico es que la dejaban un poco en paz.

Ella nada tenía para decir. Ella no tenía libertad para odiar... sólo para callar. Ella tal vez pensaba, que si quisieron abortar, ¿de qué amor podían entonces hablar?

A los tres años, finalmente habló. Se sintió a salvo y les habló.

Son tan tristes todas sus historias...

Ella tenía un oso que se llamaba Coso, cumplían años el mismo día, Coso tenía dos, ella tan sólo tres... una tarde despertó de su siesta y Coso no estaba... buscó a su mamá y tampoco estaba, salió a buscarlos al patio y como no los encontró se cruzó a la casa de su abuela... la abuela tampoco estaba.

Ella entró y enseguida escuchó la risa de su mamá y la de su tía, entonces fue, entonces abrió la puerta, entonces las vio y entonces se quedó paralizada.

Su madre cuenta que Ella gritó, su tía que escapó corriendo... Ella no se acuerda de eso... Ella no se puede acordar.

Dicen que la buscaron por toda la casa, por todo el patio, que la llamaron, que se asustaron y que al final, no saben por cuanto tiempo, la encontraron llorando debajo de su cama... Ella otra vez no les habló... dicen que por mucho tiempo, Ella no les habló.

Su madre cuenta que Ella nunca más quiso a su oso Coso, que nunca más quiso a ningún otro oso, ni siquiera quiso una muñeca, ni ninguna otra cosa, cuenta que nada nunca más le interesó..., que Ella era muy tímida, que todo la hacía llorar, que le costaba mucho hablar con las personas, que siempre fue rara, diferente a las otras niñas y que sólo se reía haciendo travesuras...

Ella ahora es grande y dice que finalmente se acordó, que se acordó de casi todo y que no le importa que se los cuente a ustedes, dice que le hace bien, que le da ternura...

Ella dice, que esa tarde entró a la habitación y vio a su madre con los ojos de su oso Coso en la mano... dice que se reían, que hablaban fuerte y que no se habían dado cuenta que Ella estaba ahí... dice que vio a Coso en el suelo y sin ojos y que no se acuerda de mucho más.

Ella dice que hace unos años buscó a su madre y a su tía para que le cuenten eso que pasó y que Ella no podía recordar y dice que sólo se llevaron la mano al estómago, al tiempo que les cambiaba la cara y sólo escuchó: “fue horrible” y nada más...

Ella insistió en preguntar ¿por qué lo hicieron? ¿qué me pasó?

La tía dijo que era un trabajo para el colegio, que en esa época no existían casas de cotillón, que estudiaba para maestra y que le costaba mucho todo lo que era manualidades...

Su madre dijo que quiso ayudar a la tía, que al oso lo iba a volver a cocer y se lo devolvería en unos días... dijo que no podía recordar los detalles, que sólo recordaba su mirada y el grito...

Ella me contó que solamente quiso averiguar para entender el por que de su ceguera... ella me lo dijo contenta y yo no supe que contestar...

Dice que son cosas de su mente, de sus recuerdos y de su presente... dice que finalmente ha descubierto la verdad y eso la hace feliz... dice que es el precio que pagó por saber y que entendió su vida un poco mejor... dice que las heridas emocionales sólo se curan volviéndolas a vivir... que así funciona, que ahora todo encaja perfecto, que Es Perfecto así como Es y que sólo se trata de confiar...

Ella dice que es Amor.

Ella, ahora duerme con un oso, que también se llama Coso, que cumplen años el mismo día, que Coso tiene dos y ella pronto cumplirá los tres...

Ella dice que nada más tiene para decir...

Ahora sí.

Colorín colorado, cambio duro pasado por un rico y tierno asado...


FIN



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PD. Agradezco sinceramente a Daniel Caminos, Córdoba, por permitirme publicar sus dibujos y espero sepan disculpar esta travesura tan especial... Nunca antes me había quedado ciega y aproveché para jugar.

"...Eres esa emoción que sólo alcanza quien se acuerda del mar desde la tierra..." (José L. Bernardez)


Un beso de mí yo hoy, para mi yo de ayer.



Mañana ya veré yo que hacer…

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